El consejero delegado de la marca de turismos de Volkswagen, Thomas Schäfer, lanzó este martes una contundente advertencia a sus empleados al afirmar que el cierre de fábricas en Alemania, los recortes de plantilla y los ajustes salariales son inevitables si el consorcio desea garantizar su viabilidad. La advertencia coincidió con el inicio formal en Hannover de las complejas negociaciones del convenio colectivo entre la dirección y el influyente sindicato IG Metall.

Durante su intervención, Schäfer desgranó con crudeza la realidad fabril de la compañía: las plantas alemanas están produciendo cerca de 500.000 vehículos menos al año respecto a los niveles previos a la pandemia de coronavirus. Esta caída de la demanda continental equivale a la capacidad productiva conjunta de dos plantas de ensamblaje completas, generando un exceso de capacidad insostenible.

Déficit estructural de producción y competencia implacable

La situación financiera de la marca principal de Volkswagen se ha deteriorado debido a la debilidad de las ventas de coches eléctricos en Europa, los elevados costes energéticos derivados de la crisis industrial y la agresiva entrada de fabricantes chinos como BYD. El margen operativo del grupo se redujo a un exiguo 2,3% durante el primer semestre, muy lejos del objetivo del 6,5% fijado por la cúpula.

La dirección ya había desatado una tormenta social semanas atrás al cancelar unilateralmente el histórico pacto de seguridad laboral que protegía a los empleados germanos contra despidos forzosos desde hace más de tres décadas. Factorías emblemáticas como las de Osnabrück y Dresde figuran entre las candidatas prioritarias al cierre o la reconversión.

“La posición de costes de nuestras plantas alemanas no es competitiva para resistir la competencia global. No podemos resolver esto con pequeños retoques; necesitamos una reestructuración estructural decisiva.”

Comienzan las negociaciones en Hannover con amenaza de paros

El sindicato IG Metall, que representa a unos 120.000 trabajadores en seis factorías clave, respondió con indignación. El negociador sindical Thorsten Gröger acudió a la mesa de diálogo exigiendo una subida salarial del 7% y la restitución inmediata de los blindajes laborales, advirtiendo de que convocarán paros masivos en todo el país a partir del mes de diciembre si se confirman los cierres.

El conflicto trasciende lo estrictamente empresarial y pone en jaque el modelo industrial alemán, afectado por la desaceleración manufacturera. Con el estado federado de Baja Sajonia ostentando una participación con derecho a veto del 20%, el pulso en Hannover definirá el rumbo de la industria del automóvil europea.

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