En una trascendental ofensiva diplomática y financiera destinada a apuntalar la solvencia fiscal de Ucrania, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajó a Kiev para presentar un paquete de préstamos de la Unión Europea de hasta 35.000 millones de euros. Esta dotación constituye la aportación mayoritaria del bloque europeo al compromiso global de 50.000 millones de dólares acordado por las potencias del G7.
La gran innovación técnica de esta estructura de crédito reside en su liquidación. En lugar de endeudar a los contribuyentes europeos o asfixiar el presupuesto ucraniano, el préstamo se pagará exclusivamente con los intereses extraordinarios que generan los cerca de 210.000 millones de euros en activos del Banco Central de Rusia inmovilizados en el depositario belga Euroclear.
Salvavidas financiero sostenido por los rendimientos rusos
Tras el inicio de la invasión en 2022, las potencias occidentales congelaron más de 300.000 millones de dólares en reservas rusas. Aunque las leyes internacionales de inmunidad soberana impiden confiscar el capital principal, las instituciones comunitarias determinaron que las ganancias extraordinarias generadas por esos fondos inmovilizados son ingresos públicos legítimos que pueden transferirse a Kiev.
La inyección llega en un momento crítico. Los incesantes bombardeos rusos con misiles y drones contra centrales térmicas e hidroeléctricas han destruido más de nueve gigavatios de capacidad de generación eléctrica, más de la mitad del suministro ucraniano previo a la guerra, amenazando con cortes de luz de 16 horas diarias durante el crudo invierno.
“Los incesantes ataques rusos exigen un apoyo europeo continuo. La Comisión aportará un préstamo de hasta 35.000 millones de euros dentro del pacto del G7. Rusia debe pagar por la destrucción causada.”
Resiliencia energética invernal y superación del veto político
El paquete de 35.000 millones se transferirá directamente a las cuentas del Estado ucraniano, permitiendo al gobierno de Volodímir Zelenski reparar transformadores, descentralizar la red con generadores industriales y adquirir armamento y sistemas antidrón de fabricación nacional.
Desde la óptica política, la audaz decisión de la Comisión Europea permite sortear las trabas diplomáticas impuestas por el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Al configurarse como asistencia macrofinanciera comunitaria, la norma solo requiere una mayoría cualificada en el Consejo y el aval de la Eurocámara, neutralizando posibles vetos unilaterales.




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