La cúpula directiva de Volkswagen AG y el poderoso sindicato metalúrgico alemán IG Metall iniciaron este miércoles en Hannover las negociaciones de convenio colectivo más conflictivas en varias décadas. Acosado por el auge de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos y la atonía del mercado automovilístico europeo, el mayor fabricante del continente busca recortes laborales drásticos que contemplan, por primera vez en su historia, el cierre de hasta dos fábricas en Alemania.

Más de 3.000 empleados procedentes de factorías como Wolfsburgo, Emden y Osnabrück se concentraron a las puertas del palacio de Herrenhausen haciendo sonar silbatos y portando pancartas rojas con el lema 'Futuro en lugar de recortes'. En la sala de reuniones, el jefe negociador de la empresa, Arne Meiswinkel, reiteró que la marca principal de turismos de VW sufre un grave exceso de capacidad instalada que obliga a redimensionar la plantilla.

Ruptura del histórico pacto de empleo y choque directo en la mesa salarial

El conflicto se agudizó tras la decisión de Volkswagen de rescindir unilateralmente su histórico acuerdo de garantía de empleo de 1994, que impedía los despidos forzosos en Alemania. La dirección argumentó que el mercado europeo compra hoy dos millones de automóviles menos al año que antes de la pandemia, lo que para el consorcio supone un déficit anual de unas 500.000 unidades, equivalente a la producción de dos factorías completas.

Por su parte, IG Metall presentó una tabla reivindicativa con una subida salarial del 7% durante 12 meses para los 120.000 operarios acogidos al convenio interno. La organización sindical rechazó de plano las clausuras fabriles y advirtió de que los errores estratégicos de la dirección en el desarrollo de software y vehículos eléctricos no pueden pagarse a expensas de los trabajadores.

“En lugar de recortar costes a espaldas de los trabajadores mediante el cierre de plantas, la dirección de Volkswagen debe presentar conceptos de futuro viables para nuestras fábricas.”

Amenaza de huelgas nacionales mientras el fabricante afronta la crisis del VE

La disputa genera una honda inquietud política en el gobierno de coalición alemán de Olaf Scholz y en el estado federado de Baja Sajonia, propietario del 20% de los derechos de voto de Volkswagen. Su ministro-presidente, Stephan Weil, instó a ambas partes a pactar alternativas que mantengan el empleo y salvaguarden la competitividad tecnológica.

La legislación laboral alemana impone una obligación de paz que veta las huelgas formales hasta el próximo 30 de noviembre. No obstante, el sindicato avisó de que, si la patronal no retira su plan de cierres en las reuniones de octubre, a partir del 1 de diciembre convocará paros masivos en todo el país que paralizarán la producción de componentes y vehículos.

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