Los exhaustivos modelos demográficos y epidemiológicos del estudio sobre la Carga Mundial de Morbilidad (GBD), publicados en la revista The Lancet y coordinados por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, confirman que la esperanza de vida mundial se ha recuperado con firmeza del impacto mortal de la pandemia de COVID-19. Al evaluar datos de 204 países y territorios, los científicos proyectan que la longevidad humana media aumentará en 4,6 años de aquí a mediados de siglo.
Según las últimas evaluaciones del consorcio, se prevé que la esperanza de vida mundial pase de 73,6 años a unos 78,2 años en 2050: la de los hombres subirá 4,9 años hasta alcanzar los 76,0 años y la de las mujeres avanzará 4,2 años hasta situarse en 80,5 años. Asimismo, la esperanza de vida saludable (HALE) —los años que una persona puede esperar vivir con buena salud sin discapacidad— crecerá en 2,6 años hasta llegar a los 67,4 años.
El África subsahariana lidera los avances proyectados en longevidad
El informe destaca una convergencia gradual entre las regiones de altos y bajos ingresos. Mientras que las mejoras en las naciones más ricas avanzarán a un ritmo moderado, los mayores incrementos se pronostican en el África subsahariana, donde la esperanza de vida aumentará más de ocho años gracias a la ampliación de las vacunas, la atención materna y mejores tratamientos contra infecciones respiratorias y malaria.
No obstante, los datos epidemiológicos subrayan un profundo cambio global desde las enfermedades infecciosas hacia las afecciones crónicas no transmisibles. Las patologías cardiovasculares, el cáncer y los trastornos metabólicos representan hoy la inmensa mayoría de la mortalidad prematura y de los años vividos con discapacidad en todo el planeta.
“Además de un aumento general en la esperanza de vida, hemos comprobado que la desigualdad geográfica disminuirá. La mayor oportunidad para acelerar estos avances radica en políticas contra los factores de riesgo metabólicos y dietéticos.”
El desafío de la transición hacia las enfermedades crónicas y metabólicas
Los investigadores recalcaron que el número total de años perdidos por mala salud y muerte prematura atribuibles a factores metabólicos —como hiperglucemia, obesidad e hipertensión arterial— se ha incrementado casi un 50 % desde el año 2000. Sin políticas preventivas contundentes, el aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2 someterá a los sistemas sanitarios a una presión extrema.
Mediante la simulación de distintos escenarios de salud pública, el consorcio GBD demostró que erradicar factores de riesgo clave como el tabaquismo, la contaminación atmosférica por partículas y la desnutrición infantil evitaría millones de muertes prematuras cada año de aquí a 2050.




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