Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y Hezbolá confirmaron formalmente este sábado que Hassan Nasrallah, el influyente clérigo que dirigió el movimiento político y militar libanés durante más de tres décadas, murió en un masivo bombardeo aéreo israelí dirigido contra el cuartel general subterráneo central del grupo en el suburbio sureño de Dahieh, en Beirut.
La confirmación representa un punto de inflexión sísmico en la escalada del conflicto a lo largo de la frontera entre Israel y el Líbano y en todo el Medio Oriente. Nasrallah, de 64 años, ocupaba el cargo de secretario general de Hezbolá desde 1992, transformando a la organización en un actor militar regional de primer orden con un vasto arsenal de misiles guiados y estrechos vínculos estratégicos con Teherán.
La Operación Nuevo Orden apunta al complejo de mando subterráneo
Según los informes militares israelíes, aviones de combate de la Fuerza Aérea de Israel ejecutaron la misión —denominada Operación Nuevo Orden— lanzando decenas de bombas pesadas antibúnker sobre un centro de mando subterráneo fortificado situado bajo edificios residenciales en el barrio de Haret Hreik. La inteligencia en tiempo real indicó que la cúpula militar de Hezbolá se había reunido en el complejo para coordinar operaciones.
Junto a Nasrallah, el ataque acabó con la vida de Ali Karaki, comandante del Frente Sur de Hezbolá, así como de varios altos mandos operativos y asesores militares iraníes. En un comunicado difundido por los medios libaneses, Hezbolá lamentó la pérdida de su líder histórico mientras los protocolos de sucesión pasaban al Consejo de la Shura de la organización.
“Hassan Nasrallah ya no podrá aterrorizar al mundo. Nuestras fuerzas atacaron el cuartel general subterráneo central en Beirut con precisión guiada por inteligencia para eliminar una amenaza inmediata para los ciudadanos israelíes.”
Repercusiones regionales y llamados internacionales a la desescalada
En Beirut, la magnitud sin precedentes de las explosiones derribó múltiples estructuras de varios pisos y envió ondas expansivas a kilómetros de distancia en la capital libanesa, lo que llevó a miles de residentes a huir de Dahieh durante la noche hacia el centro de Beirut y las provincias del norte. El gobierno interino del Líbano declaró tres días de luto nacional oficial mientras los equipos de defensa civil continuaban las labores de rescate entre los escombros.
A nivel internacional, la muerte desencadenó consultas diplomáticas de emergencia en Washington, Bruselas y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras funcionarios estadounidenses describieron la operación como una medida de defensa propia frente a un grupo responsable de décadas de ataques, líderes europeos y de la ONU pidieron máxima moderación para evitar una conflagración regional que involucre directamente a Irán.




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