Las deliberaciones centrales de alto nivel del 79.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGA 79) alcanzaron un punto decisivo en Nueva York, donde jefes de Estado, primeros ministros y cancilleres expusieron sus diagnósticos sobre el orden internacional. A lo largo de las sesiones diplomáticas surgió un consenso abrumador: las instituciones multilaterales de mediados del siglo XX requieren una modernización estructural urgente.
Al inaugurar la cumbre tras la adopción del histórico Pacto para el Futuro, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la polarización geopolítica, las escaladas militares sin control y la desigualdad económica han llevado la cooperación internacional a un límite crítico. Instó a los Estados miembros a renovar su compromiso con la Carta de las Naciones Unidas.
Impulso para la ampliación del Consejo de Seguridad y la equidad institucional
Un eje central de los debates fue la reforma del Consejo de Seguridad de 15 miembros. Líderes del Sur Global —encabezados por la Unión Africana, Brasil, India y pequeños Estados insulares— sostuvieron que una estructura congelada desde 1945 no refleja las realidades contemporáneas y suele quedar paralizada por el derecho de veto.
Incluso miembros permanentes como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido expresaron su respaldo a la creación de asientos permanentes para naciones africanas y una mayor representación para América Latina y el Indo-Pacífico. Se prevé que los grupos de trabajo inicien negociaciones intergubernamentales basadas en textos durante el actual período de sesiones.
“No podemos resolver las crisis del siglo XXI con instituciones del siglo XX. El multilateralismo debe reformarse para ser más inclusivo, interconectado y eficaz en la consecución de la paz y la justicia.”
Reforma de las finanzas globales y respuesta a los conflictos regionales
Más allá de la gobernanza de seguridad, los líderes de las economías emergentes exigieron reformas profundas en la arquitectura financiera internacional, incluidos el FMI y el Banco Mundial. Los oradores subrayaron que los elevados costos de endeudamiento soberano privan a las naciones en desarrollo del capital necesario para salud, educación y adaptación climática.
Aunque persistieron profundas divisiones sobre las guerras en Ucrania, Gaza, Líbano y Sudán, el presidente de la Asamblea General, Philemon Yang, destacó que el foro sigue siendo el espacio indispensable para el diálogo humano. Ahora la atención se centra en traducir estas promesas en acciones concretas.




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