El huracán Helene embistió con furia destructiva la costa del Big Bend de Florida a última hora del jueves, penetrando en tierra firme cerca de Perry y la desembocadura del río Aucilla como un monstruoso ciclón de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, con vientos sostenidos de 225 kilómetros por hora (140 mph). Se trata de uno de los sistemas tropicales más extensos y virulentos en golpear la cuenca del Golfo de México en décadas recientes.

A lo largo de cientos de kilómetros de litoral, desde la bahía de Tampa hacia el norte por Cedar Key y Steinhatchee, el mar penetró con violencia registrando marejadas superiores a los 4,5 metros de altura (15 pies). Comunidades enteras quedaron sepultadas bajo el agua salada, arrastrando viviendas costeras, colapsando muelles y convirtiendo las arterias viales en torrentes intransitables.

Impacto Letal y Marejada Oceánica Histórica en el Golfo

La Guardia Nacional de Florida, la Guardia Costera y brigadas de búsqueda y rescate urbano se desplegaron con lanchas de rescate y aeronaves para asistir a centenares de personas atrapadas en techos y vehículos. Las autoridades estatales habían emitido órdenes de evacuación obligatoria, subrayando que la magnitud del avance oceánico no dejaría margen de supervivencia para quienes desoyeran las advertencias.

Tras tocar tierra, Helene conservó una velocidad de desplazamiento inusual hacia el norte, adentrándose en el estado de Georgia con rachas de viento que tumbaron torres de alta tensión y miles de árboles sobre áreas urbanas y suburbanas. Ráfagas con fuerza destructiva barrieron ciudades como Tallahassee, Valdosta y el área metropolitana de Atlanta.

“Helene ha desatado una marejada ciclónica sin precedentes y daños catastróficos por viento. Las operaciones de búsqueda y rescate están completamente desplegadas en las comunidades costeras e interiores afectadas.”

Millones Sin Electricidad y Operativos de Evacuación Extrema

El colapso de las redes eléctricas fue inmediato: más de 4 millones de hogares y empresas se quedaron sin suministro eléctrico repartidos entre Florida, Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte. Las principales compañías energéticas advirtieron de que la restauración del servicio tomará semanas en las zonas con subestaciones pulverizadas por la fuerza del agua y el viento.

Además de la catástrofe en el litoral, las densas bandas de precipitaciones descargaron volúmenes torrenciales de lluvia sobre la cordillera de los Apalaches del sur, provocando crecidas relámpago e inéditos aludes de lodo en el oeste de Carolina del Norte y el este de Tennessee. Los ríos alcanzaron niveles históricos jamás documentados, aislando pueblos enteros y motivando la declaración de desastre mayor.

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