El Banco de España mejoró este martes de forma notable sus previsiones macroeconómicas para el conjunto de 2024, elevando la estimación de crecimiento del producto interior bruto (PIB) en cinco décimas, hasta el 2,8%. Esta sustancial revisión confirma a España como el líder económico indiscutible entre las grandes potencias de la zona euro, distanciándose del estancamiento que atenaza a Alemania.

En su informe trimestral de proyecciones macroeconómicas, el organismo regulador destacó el dinamismo superior a lo esperado del segundo trimestre, cuando la economía española creció a una tasa del 0,8%, impulsada por el consumo de los hogares y una creación de empleo histórica que supera ya los 21,6 millones de afiliados.

Diferencial de Crecimiento Frente a la Desaceleración Europea

El supervisor hizo especial hincapié en el cambio estructural del patrón exportador español. Más allá del récord de afluencia turística internacional, los servicios no turísticos —que incluyen consultoría informática, servicios de arquitectura e ingeniería técnica y servicios financieros corporativos— aportaron casi la mitad del superávit comercial por cuenta corriente.

La llegada sostenida de población activa procedente de Latinoamérica ha permitido satisfacer la demanda de mano de obra en hostelería, construcción, transporte y servicios sanitarios sin generar tensiones inflacionarias desmedidas por costes salariales.

“La resistencia de la economía española pone de relieve que la diversificación exportadora y la solidez del mercado laboral nos están protegiendo de la desaceleración europea.”

Impacto Migratorio en el Empleo y Desafíos en la Inversión Privada

En materia de precios, el Banco de España pronostica que la inflación media se reducirá gradualmente hasta el 2,9% al cierre de 2024, favorecida por la distensión de los precios mayoristas del gas y la electricidad y el endurecimiento monetario previo del Banco Central Europeo.

No obstante las buenas cifras, el informe incluye alertas sobre la elevada deuda pública, que aún ronda el 105% del PIB en un momento de reactivación de las reglas fiscales de Bruselas, así como la debilidad que aún muestra la inversión empresarial en bienes de equipo productivo.

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