Con dos impecables golpes de mazo y el tradicional grito en dialecto bávaro 'O'zapft is!' ('¡Ya está abierto!'), el alcalde mayor de Múnich, Dieter Reiter, inauguró oficialmente este sábado a las doce en punto del mediodía la 189ª edición de la Oktoberfest en la carpa Schottenhamel.

Siguiendo el protocolo centenario, el regidor sirvió la primera jarra de un litro (Maß) al primer ministro del estado de Baviera, Markus Söder. Acto seguido, doce salvas de cañón retumbaron desde los pies de la estatua de Baviera para autorizar el despacho de cerveza en las restantes carpas.

Dos golpes de mazo para abrir la mayor fiesta popular del mundo

Durante los próximos 16 días, el prado del Theresienwiese, con sus 34 hectáreas de extensión, congregará a más de seis millones de visitantes ataviados con los trajes típicos, 'lederhosen' para los hombres y 'dirndls' para las mujeres, al compás de bandas de viento.

La edición de este año cuenta con un dispositivo policial reforzado tras los recientes sucesos acaecidos en Alemania. Por primera vez en la historia de la feria, la policía y el personal de seguridad emplean detectores de metales portátiles en las puertas de acceso.

“¡O'zapft is! Deseo una fiesta pacífica y alegre para todos los muniqueses y los millones de visitantes de todo el mundo.”

Control de seguridad reforzado y hospitalidad bávara

Cerca de 600 agentes de policía patrullan el recinto, apoyados por 54 cámaras de videovigilancia y un perímetro vallado que prohíbe el ingreso de bolsos voluminosos, mochilas y objetos punzantes.

A pesar de las bajas temperaturas y la lluvia intermitente, miles de personas aguardaron en las entradas desde las seis de la mañana. Se calcula que el evento generará un impacto económico regional superior a los 1.200 millones de euros.

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